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Radiografía de imagen del mexicano
Si pudiéramos concebir la vida como una gran autopista, donde sus ciudades y avenidas fueran la confianza, seguridad, autenticidad, respeto, responsabilidad, seguro que buscaríamos más seguido esos caminos. O si esas calles fueran lo opuesto a esos valores, seríamos más cuidadosos de andar por ahí.
Con la anterior analogía quiero comenzar mi colaboración de esta semana, en parte, dedicado a varias personas que me dan la impresión de tener un pobre concepto de sí mismos, y por el otro lado porque, después de una pequeña travesía en el extranjero, me sorprende el manejo de la autoestima y la seguridad personal de los mexicanos.
Aunque no es bueno generalizar, es impresionante ver como un europeo, especialmente, tiene un buen concepto de si mismo y se siente seguro y confiado de lo que es y tiene. Caso contrario de algunos mexicanos, quienes constantemente están buscando el reconocimiento y estima de otros, y carecen de seguridad personal.
El mexicano constantemente está buscando caminos, formas, atajos para encontrarse o reencontrarse con él mismo, y muchos de esos esfuerzos hacen que caiga en actitudes y comportamientos poco auténticos. Piensa que siendo algo que no es, agradará más fácilmente a otros. Notición: eso no es agradar, eso es “falsear algo que no eres” y es un camino directo al rechazo de los demás.
No se puede vivir con miedo de ser lo que se es natural y transparentemente, así, con nuestras cualidades y bola de defectos, buscando figuras que “protegan” esa inseguridad y que sacien temporalmente los temores, para evitar verse rechazados y saber que no se es querido por mucha gente.
Algo tenemos que entender y nos tiene que quedar muy claro: las relaciones humanas no se pueden forzar. No somos “monedita de oro” para caerle bien a todos. Y eso no significa que tenemos que cambiar nuestra forma de ser o ponernos una máscara para “ganarnos” el afecto de los demás.
Veamos, por ejemplo, lo que sucede a diario en las empresas: jefes que son “odiados” por sus colaboradores y los colaboradores son “rechazados” por sus jefes. No hay química entre dos personas clave en las organizaciones.
O bien, cuando se llega al poder en la empresa es frecuente ver cambios casi camaleónicos en la personalidad de los directivos. No en balde se dice que si quieres conocer a alguien le des un poco de poder, porque el poder desnuda. Eso es un grave error. No es necesario exagerar nuestras cualidades y aprovechar una posición clave en la empresa para darse a respetar. Eso se llama inseguridad.
México a comparación de otros países, los que tengo el gusto de conocer personalmente o por amigos extranjeros que viven aquí, es un país en donde se ejerce el valor de la libertad como en ningún otro lado. Sin embargo, ¿Qué tanto el mexicano se siente libre? ¿Por qué le da miedo ser auténtico? ¿Por qué busca tanto el reconocimiento de otros para sentirse bien?
En México debería existir la ciudad de la autenticidad. Quizá sea un camino largo y lleno de curvas pero al habitar permanentemente en ésta, la satisfacción y la libertad de ser quien se es, sin máscaras, sin estrategias, sin falsear la personalidad, será el más grande premio para el corazón.
Todo es cuestión de decisión y actuar más libremente.
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"El mexicano constantemente está buscando caminos, formas, atajos para encontrarse o reencontrarse con él mismo, y muchos de esos esfuerzos hacen que caiga en actitudes y comportamientos poco auténticos"
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