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¿Cómo
“quemar” tu imagen personal? –según Michael Phelps-
Después de
ganar ocho medallas de oro y de romper récords en las pasadas olimpiadas
de Beijing 2008, pareciera que Michael Phelps tenía todo ganado
por delante.
Patrocinios, productos
con su nombre, conferencias y clínicas que le darían ganancias
millonarias, eran sólo algunas de las estrategias que mantendrían
imagológicamente activo a Michael Phelps y la oportunidad de seguir
siendo un “héroe” de carne y hueso para niños
y jóvenes.
Sin embargo, Michael
se conformó al pensar que lo que había logrado le ayudaría
por siempre a mantener su imagen pública de éxito y que
podría manejar su libertad como quisiera, ya que tenía todo:
fama y poder. Exactamente pecó de lo mismo que le ocurre a la mayoría
de los actores y actrices que alcanzan esos niveles y pierden tan fácilmente
credibilidad porque no piensan bien en las consecuencias.
Fumar marihuana en
Estados Unidos en un estado donde es legal, no tiene nada de malo, pero
que a Michael Phelps lo hayan captado “infraganti” haciendo
eso en una fiesta es malísimo para su imagen personal. Quizá
lo hizo por dos segundos, diez minutos, dos horas, lo que haya sido, pero
el simple hecho de hacerlo vino a dañar y posiblemente a acabar
con toda su carrera.
Todos debemos de aprender
de Michael Phelps. Como es que en tan sólo unos cuantos segundos,
su imagen personal destruyó todo lo que durante años construyó
con base a esfuerzos y sacrificios: una reputación, un nombre.
Sería demasiado
ingenuo pensar que nosotros, por no ser “famosos” estamos
exentos de algo similar. Lo mismo puede ocurrirnos pero a otra escala,
ya que, aunque no tenemos los niveles de exposición en medios de
comunicación como Michael Phelps, sí los tenemos con la
gente que nos relacionamos a diario, ya sean colaboradores, clientes,
proveedores y autoridades al comportarnos, vestirnos, hablar y movernos
de manera incongruente.
Voy a ser más
concreto. Imagina que sales a comer con tus compañeros de trabajo
y se les ocurre “brindar” por algún logro o acontecimiento
de carácter profesional. A varios de ellos se les “pasan
las copas” y aparte de hacer el ridículo en el lugar a donde
fueron lo hacen también en la oficina, y su imagen personal la
evidencian frente a clientes –al hablar por teléfono-, jefes
y demás colaboradores.
Ahora supón
que hay un cambio de directivos y que ellos, por este pequeño pero
grave incidente, no tienen oportunidades de aspirar a esos puestos aunque,
quizá, sus resultados los avalen.
No reduzcas o acabes
con las oportunidades profesionales a causa de malos manejos de tu imagen
personal. Lamentarse después de poco servirá.
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Todos debemos
de aprender de Michael Phelps. Como es que en tan sólo unos cuantos
segundos, su imagen personal destruyó todo lo que durante años
construyó con base a esfuerzos y sacrificios: una reputación,
un nombre.
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