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Tu estilo
de vestimenta y tu empresa ¿Son iguales?
Muchas personas piensan
que el trabajo es una extensión de su casa y pueden vestirse, comportarse
y hablar como se les venga en gana. Piensan -Al fin, no pasa nada, a nadie
hago daño-
Este pensamiento es equivocado
y tiene una cierta dosis de egoísmo, ya que la persona piensa en
términos de beneficio personal más no en ayudar a su empresa
a comunicar la imagen deseada.
Aterricemos la idea anterior
con un ejemplo real: algunos ejecutivos de cuenta de los bancos usan los
pelos parados, traen arracadas y pulseras de equipos de futbol, así
como prendas que rompen con la imagen de seriedad, confianza y seguridad
que el banco quiere proyectar a su públicos, lo cual, precisamente,
provoca rechazo de éstos.
Somos una sociedad visual y,
por consiguiente, por naturaleza humana hacemos prejuicios de lo que vemos.
Si lo que estamos observando no corresponde con la imagen que tenemos
en mente de lo que vemos, entonces, si la paciencia lo permite, tendemos
a buscar otras opciones que sean coherentes y más cercanas a nuestro
concepto de aquello que vemos.
Imagina cuántas cosas
pudiste haber obtenido en el mes pasado que inicialmente eran de tu agrado
pero al no reunir los “requisitos” que tú buscabas
simplemente no lo compraste. No hubo “química” ni flechazo,
ni nada.
Todas las empresas tienen distintas
necesidades y sus mensajes varían de acuerdo a su giro y público
al que llegan. Una agencia de publicidad debe comunicar creatividad, innovación
y una imagen más fresca y relajada que, por ejemplo, una casa de
bolsa, en la cual sus integrantes se deben esforzar por comunicar una
imagen de confianza, seriedad y elegancia. Lo mismo sucede con una empresa
como Victoria´s Secret que comunica una imagen seductora y femenina
en comparación a Tiffany & Co. que sabe que debe proyectar
lujo y elegancia.
En una empresa el menos culpable
es el colaborador y el más culpable es el director general o la
dirección de Recursos Humanos, ya que no han sabido reglamentar
la vestimenta y accesorios que el empleado debe portar. Quizá ignorancia
o tal vez arrogancia, al considerar éstos elementos de comunicación
superficiales y poco importantes.
Cuándo en una empresa
dicen los directivos que la vestimenta es formal de lunes a jueves, y
el viernes es casual, dejan al criterio y sentido común de sus
colaboradores lo que ellos entienden por “formal”, que puede
ser un blazer o un zapatos tipo mocasín, y lo que comprenden por
“casual” que pueden ser jeans, en algunos casos rotos, o hasta
huaraches.
Por lo tanto, en lugar de homologar
la imagen de toda la empresa, lo que están provocando es que se
manden un sinfín de mensajes contradictorios a la imagen de la
empresa que, al paso de los años, terminan por afectarla y dañarla.
La responsabilidad primeramente
la deben de tomar el presidente o dueño de la empresa, así
como sus directivos para vestirse apropiadamente, ya que, en algunos casos,
ellos son los que más necesitan saber cuáles son las prendas
de un guardarropa formal y un casual. Sería muy injusto que les
exijan a sus colaboradores que se vistan correctamente cuando ellos no
lo hacen.
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En
una empresa el menos culpable es el colaborador y el más culpable
es el director general o la dirección de Recursos Humanos, ya
que no han sabido reglamentar la vestimenta y accesorios que el empleado
debe portar.
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